viernes, 25 de septiembre de 2020

PEDRO Y SU NUEVA NORMALIDAD

Texto participante del 1er. Concurso de Cuento Breve "Experiencias de nuestra ciudad"



Por David Tena García — 25 de agosto de 2020


Cuando Pedro despertó y a tientas oprimió el botón de su celular la pantalla se iluminó mostrando la hora brillante: las cinco y diez. Esa noche había logrado dormir mejor porque en algunas ocasiones a las tres o las cuatro de la madrugada ya no lograba conciliar el sueño y decidía levantarse.

"Otro día más enmedio de este encierro", pensó, y empezó a discurrir la manera de llenar ese bloque de dieciocho horas o más que tenía por delante: Un poco de ejercicio en su cuarto; revisar las noticias del día en el periódico digital; realizar algún trabajo de limpieza o de mantenimiento y atender los pendientes del trabajo que realizaba en casa. Siempre lo mismo, parecía que la diferencia entre los días se había borrado y ahora sólo tenía ante él una existencia plana, gris, indiferenciada...

Las medidas preventivas que las autoridades sanitarias recomendaban desde  hacía más de cinco meses ya se le hacían ominosas y no veía para cuando su ciudad iba a poder pasar del semáforo rojo o naranja hasta el ansiado verde. La higiene de manos, la alimentación sana, cuidarse de los cambios bruscos de temperatura... todo éso era relativamente fácil de incorporar pues, con la repetición frecuente se volvían hábitos.

Pero formar parte de la población más vulnerable y el no poder salir de casa más que cuando fuera estrictamente indispensable, éso sí que era difícil de aceptar y no es precisamente que Pedro fuera un "pata de perro". El se consideraba más bien, un hombre hogareño, tranquilo, sedentario. Rebasaba ya los sesenta años y, además de la convivencia con su familia, no frecuentaba a otras personas. Prácticamente no tenía amigos e incluso le costaba trabajo animarse a convivir con otros, fuera en grupo o en forma individual.

¿Qué añoraba entonces? ¿Para qué quería salir de su casa? Pues sobre todo extrañaba sus caminatas matinales, el corto paseo que solía dar por la orilla del arroyo cercano; sentir el aire  fresco de la mañana sobre su rostro, contemplar los matices del verde de la vegetación, admirar a algún petirrojo  austadizo que volaba al notar su presencia. Se había vuelto importante para él atestiguar el estreno de un nuevo día con el tibio sol mañanero iluminando ese pequeño trozo del universo donde él vivía, mirar los cambios de coloración de las nubes y del cielo hasta que predominaba ese azul vivo, limpio, hermoso; refrescar  el estremecimiento placentero que le producía mirar a lo lejos las siluetas de los cerros. Casi siempre eso era todo, regresaba a su casa y no volvía a salir hasta el día siguiente.

Pero afortunadamente, enmedio de ese hastío asfixiante Pedro logró reaccionar y se dijo que no era cosa de dejarse vencer por la tristeza o el desánimo. Ante el panorama de la evolución de la pandemia, cada vez era más claro para él que, aún con el semáforo verde, la "vieja normalidad" ya no iba a regresar y que ahora tenía que tomar un papel muy activo para CONSTRUIR SU PROPIA NUEVA NORMALIDAD.

Había que poner manos a la obra para ayudarnos a nosotros mismos y, cada quien con nuestro estilo o sello particular, rescatar o reconstruir una a una, todas las áreas de nuestra vida cotidiana: empezando por un estado de ánimo más optimista, con  esperanza y entusiasmo pero sobre todo con trabajo y perseverancia para descubrir esos filones de cosas interesantes que hacer o en qué pensar; para fortalecer  o enriquecer nuestros vínculos de comprensión y de amor con nuestros seres cercanos, sean familiares, amigos o simplemente conocidos.

En fin, retomar con ánimos renovados la exploración de los senderos y de los misterios de ésto que llamamos VIDA y que es lo más valioso que tenemos.

 



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