Texto ganador del 1er. Concurso de Cuento Breve "Experiencias de nuestra ciudad"
Por Olivia Alejos "Oliyol"
Desperté con un sobresalto —¡No se levante!— me gritó la enfermera. Al abrir los ojos me sorprendí, pensé que no saldría viva de la cirugía y allí estaba, sentada en la mesa quirúrgica, vestida con una bata verde y rodeada de médicos y enfermeras.
La cirugía fue todo un éxito, la resección del tumor cerebral fue completa y las secuelas son mínimas pero no dejan de entristecerme. La pérdida de equilibrio y coordinación no me permiten moverme y hablar bien, tener la independencia y la autosuficiencia a la que estaba acostumbrada.
Esto me fue minando la alegría y los deseos de vivir. ¿Qué sentido tenía vivir si tenía que depender de otros hasta para las actividades básicas? Acostumbrada a ser proveedora dentro de la familia, ¿cómo iba a generar ingresos? Una fuerte depresión se apodero de mí y al parecer la vida me volvía a tender una nueva jugarreta: la pandemia del COVID 19.
El miedo me sobrecogió: las secuelas de la cirugía, la hipertensión, la prediabetes y la edad son factores de alto riesgo de contraer la enfermedad. Acostumbrada a ir y venir, a involucrarme en muchas actividades fuera de casa y ahora el confinamiento… ¿por qué me está pasando todo esto?
El encierro comenzó a hacer estragos en mi estado emocional: ¡¿qué voy a hacer?! No tengo dinero para comprar artículos de primera necesidad, ropa, darme lujos y cumplir antojos. Me angustiaba al escuchar las noticias: tantas muertes, tantos contagios, comienzan a escasear los productos y alimentos; mi familia a cien kilómetros de distancia, sin poder visitarlos, ni a mis amigos; mis hijos sin trabajo…y yo, sin poder hacer nada.
Pero dicen que no hay mal que por bien no venga. El quedarme en casa al principio era insoportable pero, poco a poco, comencé a disfrutar de la tranquilidad, del silencio y la paz que reina en mi entorno.
Comencé a descubrir la belleza del color azul del cielo, de lo hermosa que es mi casa, de la magnificencia de la naturaleza y las maravillas que este mundo nos ofrece; de la inagotable creatividad del hombre logrando avances increíbles en la ciencia y la tecnología; de la grandeza del poder de los valores humanos como la solidaridad, el altruismo, el sacrificio y el valor del compromiso moral.
Comencé a descubrir nuevas formas de relacionarme con mis hijos, mis padres y mis hermanos y fortalecer los lazos de amor y confianza que hay entre nosotros; me di cuenta de cuan afortunada soy de tener los amigos que tengo.
Y comencé a reconocerme y aceptarme; a amarme y valorarme; a reinventarme y a ponerme retos y crear nuevas formas de sentirme útil y productiva.
Y heme aquí, escribiendo estas líneas… ¡Bendita pandemia!






