Quiero aprovechar esta oportunidad para conmemorar a mis seres queridos ya ausentes. Para sentir que puedo revivirlos en mi pensamiento y en mi corazón, mirarlos y aún hablar con ellos como lo hice tantas veces.
¿De quién es la primera imagen que se aparece ante mí? Es mi abuelo materno, el patriarca de la familia, sencillo, serio, de pocas palabras pero con una alegría serena e investido de una gran autoridad moral. Siento que fue mi compañero de caminatas, guía en algunas de mis inquietudes de púber y mi modelo en muchos sentidos. —Siempre me acompañas, abuelito.
En seguida llega mi padre. ¡Cuántos sentimientos ligados a su persona! Sentimientos que fueron evolucionando mientras él vivía: del intenso amor al rechazo y aún tal vez al odio, para aterrizar ya siendo yo adulto en una relación más comprensiva, tolerante y afectuosa. Sin embargo después de su partida, hace ya cuarenta años, he tenido que hacer muchas recapitulaciones y muchas revaloraciones de mi relación con él. El balance: hizo lo que su tiempo, sus circunstancias y sus capacidades le permitieron y su guía fue siempre el amor que sentía por su familia. ¡Que descanse en paz!
Mi madre personificaba la abnegación, la entrega total y sin condiciones. Por supuesto con limitaciones y errores, como todo ser humano, pero siempre una fuente inagotable de amor, aceptación y apoyo para todos los suyos, hasta el último día que nos acompañó aquí. —Hoy me doy cuenta, cuánto me duele tu partida. ¡Bendita seas!
Y luego mis hermanos. Dos hermanos he perdido: el mayor de nosotros con 45 años, cáncer pulmonar. Una partida prematura, absurda, que no debió ser. Aún me rebelo y no lo acepto, era un alma buena. ¡Tanta vida por delante, su esposa, sus hijos, su gran sensibilidad artística plástica! Me llevaba tres años y cuando éramos niños yo trataba de imitarlo en muchas cosas, a veces no del todo adecuadas. Teníamos un vínculo muy fuerte, él me protegía pero también me alentaba a demostrar lo que yo podía hacer. —¡Hasta la vista querido hermano!
Finalmente, uno de mis hermanos más pequeños (fuimos diez en total) igual que mi padre y mi hermano mayor, fumador empedernido. Él se fue más joven aún. Siempre fue frágil, inseguro, débil, como asustado ante la vida y sus problemas. Me inspiraba ternura y deseos de protegerlo, pero eso sólo es posible y saludable hasta cierto punto. —Ahora ya descansas hermanito, tal vez algún día, en algún punto de la eternidad nos volveremos a ver y me dará mucha alegría que así sea.
Estas líneas han sido remembranza, homenaje pero también catarsis liberadora. Ahora siento mi corazón y mi mente más libres, mi pecho más pleno pues mis seres queridos que han partido, no los he perdido, aún están conmigo.
David Tena García.
28 de octubre de 2020.

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