martes, 29 de septiembre de 2020

A LA ESPERA DE MI MORENA

Texto participante del 1er. Concurso de Cuento Breve "Experiencias de nuestra ciudad"

Por Anivdelarev López

No, no quería que ella saliera, pero no había de otra, pues la leche, los huevos, la carne y el cereal ya se habían acabado. Ni modo. No puedo ser yo, el citius, altius, fortius de esta pequeña gran familia: un núcleo social microscópico compuesto de solo tres elementos básicos: ella, la que salió, una linda morena que resiste y aguanta mis (creo que) ocasionales descolocaciones y contradicciones, la quiero mucho aunque a veces no tanto, vamos, lo normal de las parejas; nuestra mascota, esa tierna bola de pelos que esparce sus finísimas fibras de queratina por todos lados y que alguna vez me dio una terrible dentellada que insensibilizó para siempre la terminación nerviosa de uno de mis dedos, no importa, la adoro; y yo, el más rápido (eso creo), más alto y más fuerte de todos ellos que, ahora en estas circunstancias, resulta que paradójicamente soy el menos apto para salir y encarar a lo que hay afuera.

Tan solo unos meses atrás, el espectro siniestro del hada de los huesos y los gusanos irrumpió más escandalosa de lo habitual con su tétrico instrumento por estos lares. La poca elegancia de sus modos en el uso de la guadaña segó toscamente la vida de incautos y desidiosos de su salud corporal; décadas de mercantilizar la alimentación sin ningún tipo de regularización ni el acompañamiento de campañas educativas serias de nutrición y prevención tuvieron sus consecuencias en estas tierras ancestrales del Anáhuac.

Es así que se dieron las condiciones para el sanguinario campo de batalla; se enfrentaron el sobrepeso y la obesidad contra la salvaje dama de los prominentes pómulos, fue una batalla difícil con bajas importantes del lado de los corpulentos; los corazones desbocados por la hipertensión también se las vieron duras con los ágiles movimientos del ser albino carente de palpitaciones; el recurso de vomitar azúcar sobre sus rivales diabéticos le significó a la delgadísima dama ganar no pocas partidas. ¡Ah!, además, algo se trae aquella flaca contra los portadores de los cromosomas XY, pues se le ve más animosa en la guerra contra los varones que contra las féminas.

A pesar de todo lo anterior, esta señora no ha podido darse el gran festín de su vida (ejem) por la obligada cuarentena en la que vivimos los habitantes de aquí y del resto de la Tierra; es así que estamos confinados en nuestras casas: unos más que otros, otros menos que unos; como sea, la actividad laboral y económica del mundo se ha reducido y con ello también las posibilidades de un contagio de intensidad y magnitud mucho mayores.

Sigo en casa a la espera, junto con la bolita de felpa, de mi morena; mientras tanto me ejercito con trote estático; el departamento no es muy grande; ya he bajado unos kilos, pero no es suficiente, aún tengo inconvenientemente muchos encima; no desespero, voy mejorando mis números —vaya que estoy sudando— ¡me canso ganso!

FIN





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